El día 23 de septiembre de 2025 quedará marcado en la lucha de los trabajadores de seguridad del Metro de Barcelona. Justo al comenzar las fiestas de La Mercè, los vigilantes han dado un paso firme hacia adelante: una huelga indefinida para exigir aquello que llevan años pidiendo y que jamás debió tardar tanto: condiciones dignas, seguridad real y respeto para quienes velan por la integridad de la ciudad.
El conflicto que no se puede esconder
La huelga comenzó esa misma fecha, coincidiendo con el inicio de las festividades. Se trata de una convocatoria que afecta a la plantilla de seguridad privada que trabaja en el metro (empresas como Securitas y Prosegur, bajo contrato de TMB)
Las principales motivaciones no son nuevas, pero sí urgentes:
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Infradotación de plantilla: falta de personal para cubrir rutas, descansos y vigilancia adecuada.
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Congelación o retraso en los incrementos salariales: reclaman que sus retribuciones reflejen la intensidad del trabajo, los riesgos y la inflación acumulada.
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Falta de herramientas, formación y medios para afrontar agresiones: los vigilantes denunciaban que están expuestos, sin apoyo suficiente.
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Ausencia de renovaciones contractuales reales: denuncian que las condiciones tras décadas siguen sin actualizarse.
Para hacer aún más patente el conflicto, la Generalitat impuso servicios mínimos del 75 % en cada turno durante la huelga. Desde Alternativa Sindical se ha denunciado que esa medida equivale a “mutilar el derecho de huelga”, pues reduce el impacto real de la protesta y protege a las empresas y administraciones más que a los trabajadores.
Incluso hubo un cambio de ubicación solicitado para la concentración del día 24 de septiembre, alegándose motivos de “seguridad”, algo que los sindicatos interpretan como una maniobra para obstaculizar la visibilidad de la movilización.
Más allá del conflicto: un grito por dignidad
No podemos centrar este relato únicamente en los reproches. Esta huelga nace también de una dignidad ofendida, de un desgaste que se acumula día tras día: vigilantes que asumen riesgos, que viven agresiones y que en ocasiones sienten miedo por acudir a sus puestos.
El relato mediático reciente lo confirma: los sindicatos han denunciado que los salarios actuales en seguridad privada son “muy precarios”. En plena Mercè, con la ciudad repleta de gente, esta protesta pone el foco en lo que se tolera como normal cuando no debería serlo.
Los trabajadores no solo reclaman mejoras para sí mismos, sino también condiciones que redunden en una mejor seguridad para toda la ciudadanía que utiliza el metro. Si el servicio de vigilancia se debilita, los riesgos aumentan.

El papel y el compromiso de Alternativa Sindical
La implicación de Alternativa Sindical no es testimonial: desde el primer momento este sindicato ha estado presente en la convocatoria, apoyando y promocionando las movilizaciones. Este respaldo no solo sirve para dotar de estructura y organización, sino para mostrar coherencia, unidad y respaldo real a los compañeros en la trinchera diaria.
Alternativa Sindical ha señalado también la actitud del Ayuntamiento de Barcelona, acusándolo de aliarse con TMB y las empresas de seguridad al obstaculizar locaciones u horarios de las concentraciones sindicales. La posición de fuerza y movilización es también un recordatorio de que los derechos no se regalan, sino que se conquistan.

Un mensaje solidario: por qué no dudar
Compañeras, compañeros: esta huelga no es un acto de desconexión con la realidad; es un paso necesario. Quienes sostienen esta lucha no lo hacen por gusto, sino porque ya no queda otra. Cada día que se retrasa la negociación, crece la precariedad, el riesgo y el desgaste físico y emocional.
La Mercè es la gran fiesta de Barcelona, el momento en que la ciudad late con más intensidad. Que esta huelga coincida con ella no es casualidad: es un acto simbólico, claro, que pone en evidencia lo que muchas administraciones prefieren esconder.
Ahora más que nunca, hace falta:
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Unidad en la acción: todas las secciones y vigilantes del metro deben sentirse parte integrante de esta lucha. No importa la empresa, importa la causa común.
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Máxima visibilidad pública: concentraciones, pancartas, comunicación, presencia en calles y medios. Que nadie diga que no se sabía.
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Presión institucional constante: interpelar a TMB, al Ayuntamiento, al Govern. Hacer explícita la responsabilidad política.
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No desfallecer ante los servicios mínimos: la protesta puede tomar diversas formas dentro del marco legal. La creatividad y persistencia serán piezas clave.
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Cohesión y respaldo mutuo: cuidar la moral, estar atentos a los compañeros más golpeados, compartir información, apoyar al que tiene más dificultades para sumarse.

La lucha tiene sentido, el futuro depende de nosotros
Las páginas de esta huelga se escribirán con sudor, resistencia y coraje. No es una batalla fácil. Pero sí es necesaria. Ya se han dado pasos, ya hay visibilidad, ya hay motivo para que la ciudad se cuestione cómo trata a quienes la protegen en su tren subterráneo.
Que La Mercè sea ese momento en que la ciudad escuche, aunque sea por la fuerza de la movilización, el reclamo sincero de quienes garantizan su seguridad. Que quede claro: no retrocederemos.
Con orgullo y fuerza, adelante compañeros. Esta huelga es nuestra. Y juntos escribiremos un futuro mejor.









